¿Para qué sirve la melanina?
Fuentes:
Cuando hablamos de sol y de bronceado, hablamos de melanina.
La piel la produce cuando nos toca el sol y gracias a ella nos ponemos morenos.
En efecto, la melanina es un pigmento que oscurece la piel para protegerla del daño que ocasionan los rayos ultravioletas del sol.
El pelo y el iris de nuestros ojos también la contienen.
¿Pero, qué es exactamente y para qué sirve la melanina?
La melanina no es exclusiva de los humanos: está en la mayoría de seres vivos. Algunos animales pueden camuflarse cambiando su color y las plantas exhiben sus tonos gracias a ella.
Se trata de un pigmento derivado de la tirosina, un aminoácido indispensable para que todo nuestro organismo funcione correctamente.
En nuestra piel se fabrica en los melanocitos, unas células de la epidermis, y en los folículos pilosos (raíces de los pelos).
Es como un lápiz de colores, responsable de los tonos marrones y rojizos de la piel, el pelo y el cabello de todos nosotros.
Pero esa no es su función principal, sino defendernos de los efectos perjudiciales de la radiación ultravioleta.
Luz y color
Que haya luz es lo que permite que la melanina trabaje. Su fabricación se estimula ante la luz ultravioleta que emite el sol. La melanina “neutraliza” los rayos UV porque los absorbe y los emite después a distintas longitudes de onda, formando colores visibles para el ojo humano.
Las sustancias como la melanina, que absorben luz y luego la emiten formando colores visibles, se denominan cromóforos. El betacaroteno, por ejemplo, que se extrae de las zanahorias, se usa como tinte amarillo y anaranjado. La clorofila, otro cromóforo, es responsable de los tonos verdes de la plantas.
En la piel humana existen dos cromóforos o tintes cutáneos básicos: la hemoglobina, que colorea sobre todo las pieles rosadas de las personas de raza caucásica o blanca, y la melanina, que es la responsable de los tonos de las pieles más oscuras o negras. Además, la melanina protege el iris de los ojos y actúa en sincronía con algunas hormonas para protegernos del exceso de radiación solar, o al contrario, para que nuestras funciones vitales se mantengan en ausencia de luz.
El viaje de la melanina
Las células que fabrican melanina, los melanocitos, tienen unos tentáculos que están en contacto con los queratinocitos, las células más abundantes en la superficie de la epidermis, a través de los cuales les ceden partículas del pigmento almacenadas en unas microscópicas bolsitas llamadas melanosomas. Desde los melanosomas, las partículas de melanina colorean de oscuro la piel.
Cuantos más melanosomas alcanzan a los queranocitos de la superficie, más se oscurece la piel. La parte interna de los antebrazos y las piernas es más clara que la cara o el escote porque en esas zonas hay menos melanocitos fabricando melanina. En ciertas áreas de la piel dónde es necesaria una mayor protección solar, como en la areola de los pezones, la melanina se acumula y por ello su tono es más oscuro que la piel que los rodea.
Eumelanina y la feomelanina
Pero, en realidad, nuestra piel fabrica dos tipos distintos de melanina. Las personas de tez clara y las pelirrojas fabrican más feomelanina, y las morenas y de raza negra, más eumelanina. La eumelanina absorbe al máximo las radiaciones ultravioletas y por ello se considera un fotoprotector natural. Es decir, que la pigmentación oscura de la piel permite que la ésta quede protegida.
En cambio, la feomelanina actúa como fotosensiblizador, lo que hace que la piel sea más sensible a la luz solar, lo que es necesario para, por ejemplo, sintetizar la vitamina D. Si nos bronceamos al sol, la eumelanina oscurece nuestra piel; si dejamos de tomar el sol, la feomelanina aumenta su proporción y perdemos el color moreno.
Cuando la melanina no funciona
El albinismo es una alteración genética cuya consecuencia es la ausencia de melanina. El aspecto característico de la piel y el pelo de las personas albinas nos recuerda que el envejecimiento del cabello, cuando éste se vuelve gris o blanco, también es debido a la falta de producción de melanina.
Ciertas hormonas también influyen en el funcionamiento de este pigmento. Durante el embarazo o la menopausia no es raro sufrir problemas de pigmentación cutánea, como el vitiligo (pérdida de pigmentación en algunas zonas de la piel), o el melasma (exceso de pigmentación).