Saber sacar partido del Sol

Al Ponerse el Sol…

Si cumples con todas las precauciones para tomar  un buen baño de sol sin que tu piel sufra el rigor de las quemaduras,  deshidratación, descamación, ardor, etc. el cuidado debe continuar casi  con más intensidad una vez que el sol se escondió en el horizonte y  ocurre el regreso a casa o al lugar donde se pasan las vacaciones  estivales que ya se están instalando en el hemisferio sur.

Las precauciones deben tomarse antes, durante y después de haberse expuesto a los rayos solares.

Esto  ha sido siempre así, pero en las últimas décadas, con el descubrimiento  del adelgazamiento de la capa de ozono, la cosa es mucho más delicada.  Los rayos ultravioletas llegan con mayor intensidad a la tierra y por  ende a nuestra piel.           Toma en cuenta los siguientes factores para que tu proceso de bronceado no se estropee fácilmente y, además, te haga sufrir.

Baño hidratante.

Como norma general, y aunque la piel no se  encuentre enrojecida ni haya sufrido quemaduras, es conveniente darse  un baño hidratante al volver de la playa o de la piscina y después de  la ducha.           Las lociones que se utilicen deben contener fórmulas que ayuden a  prolongar el bronceado, al mismo tiempo que eviten la tirantez y el  desecamiento de la piel.
Cura de urgencia.

Tras una jornada al aire libre, el sol, la sal  del mar o el viento de la montaña y el cloro de las piscinas han hecho  de las suyas.           Lo más probable es que la piel se encuentre deshidratada, degradada y  resentida. Si este castigo se prolongó por varios días o semanas de  vacaciones, sus efectos se acumularán y tendremos la piel severamente  dañada.           Cuando esto sucede, se hace necesaria una cura de urgencia; una  hidratación. La epidermis responde rápidamente al mas mínimo cuidado.
Fragilidad del rostro.

De todas las partes del cuerpo, el rostro  tiene la piel más frágil y, por tanto, muy proclive al envejecimiento  prematuro por exposición al sol.           Al volver al hogar es aconsejable limpiar cuidadosamente los residuos  de crema, sal o cloro que queden en el rostro. A continuación se puede  aplicar una mascarilla refrescante y calmante durante diez minutos, que  se retira después con agua.           También puedes aplicarte una crema compensadora que reparte todos los  efectos negativos del sol. Se trata de productos antienvejecimiento, de  gran suavidad, para perfeccionar el bronceado y prolongarlo de manera  natural. Proporcionan una sensación de intenso bienestar que, sin duda,  tu piel agradecerá.

Untar el cuerpo.

Después de una reparadora ducha con jabón  neutro que no irrite la piel y que elimine la arena, la sal, los restos  de crema o cloro, hay que usar una crema hidratante. Si es absorbida  enseguida, es señal de que la piel necesita más. No basta una  hidratación corporal como las que se utilizan en invierno después de la  ducha. En estos casos es necesario “untar” todo el cuerpo con un  producto especial que contenga elementos activos específicos para  refrescar y reparar la piel dañada.

Dra. Patricia Cerda.

 

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