Mujer y abuso sexual( reportaje)

EPORTAJE

Mujer y abuso sexual

Reportaje  Revista Paula Noviembre 2006

LA MUJER QUE ABUSO SEXUALMENTE DE UN NIÑO

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Diálogos con el experto

Periodista Alejandra Carmona y Carolina Díaz.

Una chilena de 43 años, fue condenada de forma irrevocable a cumplir una condena de 10 años y un día por el delito de abuso sexual reiterado en contra de  un niño de 6 años que cuidaba durante el día en. Sus padres, hoy de 9 años, relatan por primera vez como han ido reparando lo aparentemente irreparable.

Recuerdan lo inocente que eran cuando la mujer cuidadora se sentaba en la cama del menor (su nombre ha sido cambiado por protección al menor) entonces de 6 anos, y el se paraba sobre el cubrecamas de demonios de” Tasmania “para abrazarla por los hombros. Otras veces ambos se ponían a jugar en el living y el también la abrazaba. Eso veía  la madre  cuando llegaba de la oficina a la casa.

—Hola, ¿que están haciendo?, ¿que hicieron en la tarde?— les preguntaba. Ambos se miraban a los ojos y se reían.

—Ya, ¿que onda? —insistía la mama.

—Es un secreto -decía la cuidadora.

—Si, mama, es un secreto, no te lo podemos decir—, repetía el menor.

Y la mujer y el niño se volvían a mirar y a reír.

“Esas veces ellos estaban en una complicidad total de la que yo quedaba completamente fuera”, relata hoy la madre , 39 anos, contadora auditora. “Al final me contaban que habían ido a la plaza o que habían dado una vuelta a la manzana. Yo les decía que no me gustaban los secretos, pero relajadamente, como sumándome al juego. Ahora me doy cuenta de que esa complicidad nunca debería haber existido, o que me debería haber puesto en alerta”.

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Como se descubre

El niño relato su experiencia de abuso en manos de su nana , entre 2004 y 2005, con todos los detalles que era capaz de recordar delante de seis jueces, en dos juicios orales, en marzo y julio de este ano. En ambas ocasiones se sentó en un sillón giratorio, sin sus padres al lado. Enterraba la cabeza en el respaldo o se escondía debajo de la mesa. Tiritaba de pies a cabeza o enrojecía violentamente cuando los abogados pronunciaban el nombre de la nana. Su cuerpo se sacudía involuntariamente cuando repetía lo que había vivido en la cama de sus padres, en la suya o en el sofá del living, entre los 6 y los 7 anos, en su casa . Los fallos judiciales contienen el relato completo del menor y las declaraciones del siquiatra y el psicólogo que lo atendieron inmediatamente después de descubierto el abuso.

Eso, el destape de una situación que venia dando se a escondidas y en silencio por un año, ocurrió el ultimo fin de semana de febrero de 2005, justo antes de que la nana regresara de sus vacaciones. El niño se había ido a dormir a la casa de su abuela. Extrañamente, paso la tarde del sábado encerrado en la pieza, llorando, gritando que quería ver a su mama. Ya estaba oscuro cuando se calmo. Mientras veía Jurassick Park, le hizo una pregunta a su abuela.

—¿Abuelita, es normal que una mujer adulta le chupe el pene a un niño de 7 anos?

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Así comenzó todo.

En julio, terminado el segundo juicio, la familia del niño se traslado  a otra ciudad de Chile para poner distancia con el pasado y llevar una vida lo mas parecida posible a la de antes, a la de siempre. Esta es la primera vez que, los padres , hablan con un medio sobre el hecho que modifico indeleblemente sus vidas. Y lo hacen explican para alertar a otros padres.

Negra chocolatada

La nana  llego en 2003 a trabajar a la casa de esta pareja. No era una mujer desconocida ni mucho menos. Cuenta la madre: “Ella es la mama de mi sobrina mayor. No se caso con mi hermano, pero yo adoro a mi sobrina. Justo cuando mi marido y yo asumimos que necesitábamos que alguien trabajara en la casa, porque estábamos agotados de limpiar y cocinar y porque mi marido se quejaba de que era el ultimo en irse del jardín infantil, me encontré con ella y pensé: ‘Que mejor, ella esta sin trabajo y nosotros necesitamos a una persona’. A mi me daba susto meter a una desconocida en mi casa, así que pensé que las cosas no me podían estar saliendo mejor”.

Estaba feliz. Al año siguiente, 2004, pudo mandar al niño solo medio día al colegio, porque la nana lo iba buscar a las doce y media. El chico le decía Negrita chocolatada a su nana y le juraba que le iba a construir un castillo. “Se adoraban. Ella lo quería tanto, lo abrazaba, le daba besos, lo amojonaba. Y eso me daba tanta tranquilidad”, comenta su madre. Guando la mama quedo embarazada, después de dos perdidas, La nana se hizo aun mas necesaria en la casa. “Si me veía cansada, me obligaba a dormir siesta y después me subía un vaso de leche. Si me dolía la cabeza, corría a buscar un paracetamol. Hasta me hacia masajes en los pies o me pasaba una bufanda si hacia frió. Cuando las reuniones de apoderados eran a las cuatro de la tarde, la Nana me decía: ‘No te preocupes,, voy yo. Llevo un cuaderno y anoto todo’. Como que fue ocupando todo el espacio que íbamos dejando gracias a la confianza que le teníamos”, cuenta.

El padre comenta que se apoyaron en la nana Elvira, porque el niño le hacia caso. “Nosotros nunca lo retábamos y hacia lo que quería. Así que con mi señora incentivábamos a la nana para que le pusiera limites, a que lo retara si no quería hacer las tareas o si se portaba mal. Además de confiar en ella, la investimos como figura de autoridad ante nuestro hijo”, dice. Y aunque el aseo estuviera hecho a medias, preparara un almuerzo distinto al dispuesto o no le gustara que  invitara amigos a jugar, La madre  prefirió no enfrentarla. Ni siquiera le puso limites a su ex cuñada cuando el niño cambio de actitud y empezó a tenerle susto. Porque hubo un momento en que el niño empezó a decirles a sus padres que la nana lo retaba mucho, que era pesada, que ya no la quería. “Es muy retona”, repetía. “Nosotros le decíamos: ‘Pucha, ella es la única persona en la que confiamos’. Mi marido y yo sabíamos que era una mujer de carácter fuerte y que era estricta, pero no nos preocupaba, porque pensábamos que le haría bien”.

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Hoy, ambos asumen que la autoridad y la confianza que le dieron a la nana retrasaron la confesión del menor.

Yo empecé a notar esporádicamente en mi hijo una actitud como de rechazo hacia nosotros. Si un fin de semana se portaba mal y le decíamos ‘Le vamos a decir a la nana que venga, porque a ella le haces caso’, él se ponía a llorar y decía que éramos malos padres”, recuerda su mama. Y agrega: “nunca perdió el apetito no bajo las notas ni la profesora me comento cambios de conducta. No teníamos indicios de lo que estaba viviendo”. Hoy recuerda ciertos detalles claves, que en esos momentos no la alertaron. La mama llamaba después de almuerzo a su casa para hablar un rato con su hijo. Varias veces tuvo que esperar un minuto entero hasta que alguien contestara. “0  me decia que estaba jugando y cortaba al tiro”, dice. Después, cuando nació la guagua y la mama le daba pecho en el primer piso, en dos o tres ocasiones se extraño de que la nana se demorara tanto en vestir al niño. “Yo les gritaba y ellos bajaban después de un rato. Ella venia mascando chicle”, recuerda.

Apenas unos pocos días antes de que el niño, hablara con su abuela, la mama tuvo un ligero estremecimiento. En un paseo a la playa, al sacarse el traje de baño, a niño se le enredó el pene en la malla protectora y aulló de dolor. “Un salvavidas que actuaba como paramédico cortó el traje de baño con una tijera, porque  no dejaba que nadie lo tocara. Esa noche lo bañe y le pedí que me mostrara la herida. No quiso, pero yo me puse firme y me di cuenta de que tenia varias marcas rojas, no solo en un punto. Se puso a llorar. Lloraba y lloraba y yo le decía que no se preocupara, que las heridas iban a sanar, y el, con los ojitos cerrados, me decía no, mama, no, no, no. Yo le pedí que me mirara y que me dijera si le había pasado algo mas que el asunto del traje baño. Volvió a llorar, pero se salió de la tina y se vistió, porque un amigo lo estaba esperando para jugar. Se que en ese momentotrato de decirme lo que le estaba pasando, pero después lo vino a buscar mi mama para que pasara el resto de las vacaciones con ella. El fin de semana le confeso todo”.

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Grave daño

Los padres  escucharon perplejos los detalles que  le había contado a su abuela. Hubo bloqueo. “Me costo asumir lo que estaba pasando. Mi mama me decía ‘, si es verdad, si hubieras visto como tiritaba ‘”.

El padre trato de ubicar a la nana, que estaba de vacaciones, sin éxito. Ese día el niño casi no salio de su pieza. “Las veces que se asomo nos miraba como pidiéndonos por favor que no le preguntáramos nada. Creo que fuimos capaces de transmitirle en silencio que le creíamos y que lo íbamos a proteger”, dice la mama

El lunes, a las 8:15 de la mañana, se presento la nana, como correspondía, al fin de su feriado legal. Negó todo, de punta a cabo. Y siguió haciéndolo en los dos juicios orales que efectuaron después. Resume la mama: “Lo único que repetía, a modo de excusa, era que tenia dos hijas, que como iba a hacer algo así si quería tanto al menor. Nunca dijo que estábamos mintiendo. No lloro, no grito, no nos insulto. Mientras el padre le gritaba que la iba a meter a la cancel, yo pensaba en mi sobrina y me imaginaba todo lo que ella iba a sufrir. Si en ese momento la nana me hubiera dicho ‘Perdóname , perdóname, soy una mujer enferma, ayúdame’, quizás lo hubiera hecho. Yo seguía bloqueada”.

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El papa llamo al Sename para pedir orientación y la mama llevo al niño adonde un siquiatra. “Íbamos camino a la consulta, los dos callados, y de la nada  me dijo: ‘sabes mama, esa mujer hacia que le chupara la cosa café que tienen las mujeres ahí’, y me apunto los pechos. Fue lo primero que me contó”, . El siquiatra  confirmo a los padres que  había sido abusado sexualmente y que tenia un daño grave, y así lo declaro posteriormente en el juicio. Ese mismo día los recibió un psicólogo del centro regional de atención a victimas y protección de testigos de la Fiscalía de Valparaíso. Poco después,  empezó a recibir atención sicológica con  uno de los especialistas de la corporación , una ONG enfocada al maltrato infantil grave y abuso sexual de niños.

Ninguno de los padres le preguntaron directamente que le había hecho la nana. Por recomendaci6n de los sicólogos, le dieron el espacio para que el hablara, sin presionarlo.

Las semanas y los meses que siguieron a la revelación inicial fueron un infierno de dolor para ambos padres. El niño, en estado de angustia, les fue relatando los recuerdos que lo atormentaban. A veces simplemente lloraba, se golpeaba la cabeza contra la pared y decía: “Soy malo, soy malo, me quiero morir”. Llevaba a su madre a su cama y le decía que se acostara. El se tendía al lado, tal como la nana  lo hacia ponerse. “Mama, nosotros veíamos tele desnudos en mi cama y nos vestíamos cuando estabas a punto de llegar. Éramos como pololos”, le explico.

Cuenta la madre: “Un día yo estaba haciendo su cama y el entro de repente a la pieza. Estaba muy angustiado. Me miro y me pregunto si existían los niños gay. Y se puso a llorar. Lloro una hora entera, probablemente mas, y no pude calmarlo. Lo tomaba de los hombros pero todo su cuerpo tiritaba y no podía sujetarlo. Se enterraba los puños en la cara y seguía llorando. De pronto abrió los ojos, me miro y me dijo: ‘Lo que pasa es que siento cosas como las que sentía con esa mujer cuando mi papa me abraza'”.

En la terapia el niño entendió que el culpable no era el. “Al principio se sentía malo. Pensaba que por su culpa a la nana la iban a meter presa. Y se sentía pésimo, porque el lo pasaba bien, le gustaba, quería que ocurrieran las cosas. Por eso, cuando entendió que fue victima de un abuso, se quería matar”, relata el padre. Y empezó a tenerse miedo. Un día les pidió a sus padres que por favor no lo dejaran solo con su hermanita. Otra vez llego gritando del colegio que había embarazado a esa mujer, porque en la clase de Biología habían hablado de fecundación. “Eran horas y horas de llanto que yo no era capaz de consolar, porque lloraba tanto como el, abrazándolo. Hasta que el psicólogo me dijo que fuera enérgica. Cuando le empecé a decir con firmeza que la cortara porque ya se estaba pasando y que el papa y yo estábamos haciendo todo lo posible para castigar a esa mujer, dejo de pegarse en la cabeza y paro de llorar con esa desesperación”.

El menor nunca detallo a sus padres los por menores del abuso que vivió. Ellos se enteraron de toda la crudeza cuando tuvieron el primer fallo, con las declaraciones y precisiones de los peritos, en sus manos. “Me siento culpable de muchas cosas”, dice la mama. “De haber contratado a esa mujer, de haber tratado de ayudarla hasta el ultimo minuto, de haber hecho pasar a mis hijos y a mi marido por esto, de no haber sido capaz de ser mas independiente de ella. Pero después de presenciar el juicio y escuchar a los peritos no me puedo perdonar que mientras hacían los peritajes de veracidad no le compre ni un juguete , no lo regalonié hasta el cansancio. Los sicólogos nos sugirieron que no lo sobreprotegiera, que lo tratáramos de la manera mas normal posible. Pero yo no sabia que, al contar lo que le había pasado, el temblaba, se tapaba la cara, se escondía, tiritaba, se ponía rojo. Yo no sabia que dentro de esa sala el describía la vagina como un hoyo dentro de otro hoyo. Los peritos calcularon que mi hijo tiene que haber estado a menos a un palmo de ella para describirla así. Eso me cuesta perdonármelo…”.

Viejito pascuero

La ratificación de la condena de 10 años de prisión y el inminente encarcelamiento de la nana no hacen mas que fortalecer la terapia de reparación que recibió el chico. Al enterarse del fallo definitivo,  se quedo callado un rato, como calculando, y finalmente dijo: “Guando ella saiga, voy a tener 18 años y ya voy a poder defenderme solo”.

En estos mementos, el objetivo de los  padres  es que el niño termine su infancia como el resto de los niños, rompiendo piñatas del hombre arana en sus cumpleaños y peleando con su hermana chica por las sorpresas del McDonald’s.

“Ahora que estamos lejos de la ciudad donde ocurrió todo y que finalmente ella estará presa, todo va a cicatrizar mucho mas rápido. El menor esta en un colegio mixto y sus compañeras le dicen bebe. No se como, pero todavía tiene inocencia. Le gusta jugar, todavía tiene muchos peluches en su pieza y quiere que le regalemos un dragón”, cuenta su madre, quien dejo de trabajar para ocuparse personalmente de la casa y de sus hijos.

Tanto papa como mama saben que nadie puede predecir el futuro de su hijo, pero los tranquiliza el hecho de que haya sido capaz de hablar del abuso que vivió. “El psicólogo nos dijo que eso nos da buenas proyecciones. Se que es un niño bueno y noto que va a seguir así, pero hay que ver que pasa en la adolescencia. Eso es clave. Lo malo es que va a ser muy difícil que no atribuyamos cualquier aspecto diferente o inesperado al abuso que vivió, en lugar de pensar que es la edad, que es normal, que así es la vida”, reconoce .

Su padre, por su parte, también confía en su hijo. Y reflexiona: “Mi hijo perdió la inocencia sexual y va a tener que vivir con ese pasado, no se puede borrar. Y por eso, creo, se refugia en la niñez y es mas niño de lo que debería. El aun sigue creyendo en el viejo pascuero”.

Están completo y bueno el reportaje que uno como autor no escapa a la masificacion de este

Reportaje  Revista Paula Noviembre 2006

Periodistas Alejandra Carmona y Carolina Díaz

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