Jamás golpee a un niño

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* La inmensa mayoría de los padres rechazan las bofetadas y los golpes.
* Sin embargo, casi todos los niños se suelen llevar alguna que otra cachetada, sobre todo a edades comprendidas entre un año y medio y tres años.
* La mayoría de los padres reconocen que estas bofetadas surten poco o ningún efecto.
* Las causas más frecuentes que llevaron a los padres encuestados a pegar a su hijo son primordialmente dos: o el niño corría algún peligro (43 por ciento) o la madre (más raramente el padre, en general ausente de casa) se encontraba bajo un fuerte estrés (70 por ciento) que, por otra parte, no tenía nada que ver con el niño.

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A otras madres sencillamente se les escapa la mano por estrés, por cansancio, por sentirse impotentes. La solución parece fácil: eliminar las causas de sus “nervios a flor de piel”. Pero esto, desgraciadamente, pocas veces es posible. (Sin embargo, cuando la impotencia es tan grande que las palizas amenazan con convertirse en malos tratos, la mujer no debe dudar en pedir ayuda, y cuanto antes, mejor.)

El niño no tiene la culpa

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Una solución más acorde con la vida diaria consiste en desarrollar estrategias para mantener la calma también en situaciones conflictivas. Todas conocemos el consejo de contar hasta diez (o hasta cien, si es preciso). Algunas mujeres se inventaron recetas más originales les, que quizá pueden dar una idea a otras madres: por ejemplo, abandonar la habitación o llevar al niño a otro cuarto, cantar o silbar, respirar profundamente, tirar un almohadón contra la pared, elogiarse a sí misma por no perder los estribos.

Por supuesto, estas estrategias de urgencia no resuelven el problema causante de la angustia y ansiedad subyacentes. Pero evitan el golpe y dan tiempo para pensar.

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En definitiva: NO a las bofetadas, porque no sirven para que los niños nos hagan caso y sí para provocar su agresividad

 

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