Como criar en este nuevo siglo

El libro que revoluciona los dogmas de la crianza


El texto se ha convertido en best seller en Estados Unidos porque plantea una nueva forma de tratar a los menores de hasta cuatro años: dejar de lado la persuasión y dar paso a las órdenes cortas y enérgicas.

Padres con mucho sentimiento de culpa

Que son personas, que entienden todo, que con su inteligencia manipulan a su antojo y que los padres deben calmarlos con explicaciones, aunque estén en medio de una rabieta de proporciones. Desde que el propio doctor Spock se retractó del pensamiento liberal con que había influido a toda una generación de padres en los cincuenta y sesenta, la necesidad de una crianza con límites claros se fue haciendo cada vez más evidente. Pero no es precisamente lo que ha predominado en los últimos años, de la mano de padres culposos que no se atreven ni a hablarles con firmeza por el poco tiempo que les dedican. El resultado: bandadas de pequeños tiranos que tienen a los adultos constantemente en vilo.No al dialogo

No. La persuasión no funciona, dice categórico el doctor Harvey Karp. Este pediatra estadounidense está revolucionando los dogmas sobre la crianza con un libro que ya se convirtió en best seller en su país y que han adoptado incluso figuras como Michelle Pfeiffer y Maddona. Porque su llamado es a no ver a los niños menores de cuatro años como personas, ni siquiera como pequeños homo sapiens. Ellos, dice el médico, son más bien unos “pequeños neandertales”. Y la asociación con la evolución del hombre no es antojadiza.

La razón es que son mas emocionales a esta edad

 

En términos de desarrollo cerebral, los niños de esta edad son muy primitivos, manejados por sus emociones, con un nivel muy básico de pensamiento y reflexión. “La lógica y la persuasión, herramientas comunes en los padres actuales, no tienen ningún significado para ellos”, dice Karp.

Según explica este profesor asistente de Pediatría de la Universidad de California, en Los Angeles, durante los primeros cuatro años de vida se produce un desarrollo explosivo. El niño aprende a hablar, adquiere habilidades motoras y empieza a resolver problemas, entre otras cosas.

Rápido desarrollo cerebral

Todo esto a un ritmo no sólo sorprendente, sino que también agobiante para sus pequeños cerebros que bullen en actividad como una colmena, con un 50% más de conexiones nerviosas que el cerebro de los adultos.

“Si cualquier adulto enfurecido puede transformarse en un troglodita, un niño con un cerebro primitivo que se irrita retrocede prácticamente al Jurásico”, agrega Karp. Su tesis ha recibido el respaldo de varias instituciones de salud en Estados Unidos y de quienes dirigen la organización Prevenir el Abuso Infantil en América.

CONSTANTE EBULLICIÓN
Entre el año y los cuatro años de vida, dice el médico, el cerebro humano está completamente dominado por el hemisferio derecho, que es impulsivo, distraído, emocional y que toma decisiones rápidas, todo lo que necesita un niño para explorar y aprender del mundo que lo rodea. El izquierdo, a cargo de razonar, analizar y actuar con cautela, está en pañales y es fácilmente sobrepasado por su otra mitad.

Desarrollo hemisferio derecho

Eso, indefectiblemente, los lleva a ser hiperactivos, centrados en sí mismos y estar siempre sobrepasando los límites en un mundo repleto de estímulos -colores, juguetes, tecnologías- pero que también les resulta aburrido.

Al aire libre

Y aquí, otra vez, emerge la evolución. Un cerebro primitivo necesita espacio, para jugar, correr en medio de la naturaleza y en contacto con animales y con otros niños. Pero las casas grandes, la familia extendida y la vida de barrio, más adecuados para su crianza, están en retirada. Lo cual hace más complicado el panorama.

Karp ofrece numerosos consejos para comunicarse de manera eficaz con los niños, sin caer en contradicciones como: Prémielo, sea estricto, sea su amigo o usted es el jefe. Esto termina torturando a los padres que se preguntan si deben ser más indulgentes, más severos, o si estarán dañando a su hijo.

Cuando diga no , dígalo con certeza ,o se arrepentirá mas adelante

Y uno de los ejemplos que analiza en su libro es más que elocuente: Si un niño se entretiene botando la comida al suelo mientras almuerza, explicarle dulcemente que está mal lo que hace, porque él necesita alimentarse y, además, está ensuciando, es un error garrafal. Sólo logrará que el niño se enfurezca más. En la experiencia de Karp, las palabras de cariño fracasan con los niños mañosos. La sugerencia de este médico es lo opuesto: “Si a usted le hierve la sangre, frunza el ceño, golpee sus manos con fuerza unas cuantas veces y emita un sonido sordo como un gruñido acompañado de la palabra ‘No'”. Con seguridad el niño dejará de portarse mal de inmediato. Porque para un cerebro primitivo, dice, nada da más resultado que órdenes directas, con palabras cortas y firmes. El tono de voz debe reflejar su rabia. Al igual que los gestos como fruncir el ceño, levantar las cejas, sacudir la cabeza, abrir exageradamente los ojos y encoger los hombros, que son claves: recuerde que el cerebro derecho entiende más de gestos y de tonos de voz que de palabras.

Con este método, el pediatra asegura que en sólo segundos se termina con el 50% de las pataletas y se logra prevenir entre el 50% y el 90% de los arrebatos antes de que se produzcan.

Civilizarlos con armas útiles.

La idea es que los niños menores de cuatro son incivilizados y la tarea de los padres es civilizarlos: “Enseñarles a decir por favor y gracias, no escupir ni arañar, ni orinarse en cualquier lugar que quieran. Este es el trabajo que se tiene con los niños”, dice este profesional.

HERRAMIENTAS POSITIVAS
Claro que este nuevo gurú de la crianza no sólo se preocupa de cómo calmar rabietas o arrebatos. Su libro también aporta varias técnicas para reforzar comportamientos positivos. Si los elogios en forma mesurada son buenos, más efectivo es lo que él llama “comentario al pasar”. Esto es, hacer un elogio en voz alta, aunque susurrada, para que el niño escuche “accidentalmente”, algo muy útil a partir del año y medio de vida.

Ser un gurú

Pero cuidado con el niño de entre tres y cuatro años, que ya es más conciente y puede sentirse burlado con esta estrategia. En su caso, recomienda elogios directos, pero en ciertos momentos. No a cada rato, porque se corre el riesgo de perder credibilidad ante el menor o de convertirlo en un dependiente de los aplausos. Y se debe elogiar la buena acción, no al pequeño.

Otra herramienta muy útil para construir confianzas con los niños, dice el médico, es jugar a “hacerse el tonto”. Cuando el padre se hace el confundido, el olvidadizo o el ridículo, provoca que el niño tome el papel de adulto para que lo ayude y, de esta forma, lo está halagando. Esto se puede usar a cualquier edad, ya que el menor se suma al juego aunque sospeche que el adulto está simulando.

Teoría del semáforo

Con su modelo tipo semáforo, propone varias estrategias para forzar las conductas positivas (verde), frenar a tiempo comportamientos molestos (amarillo) y cortar de una vez los malos comportamientos (rojo).

También ciertos premios como masajes para relajar a niños de uno a dos años, una conversación tranquila al ir a dormir y enseñarles técnicas de respiración para reducir la ansiedad. El juego al aire libre y la lectura de cuentos son fundamentales para el desarrollo de la inteligencia, la imaginación y la sociabilidad de los menores. En su opinión, además, es importante que la televisión, los DVD o los videojuegos sean ocasionales -como las golosinas- o, al menos, que se limiten a un máximo de 60 minutos diarios.

TEMPERAMENTOS Y CRIANZA
El doctor Harvey Karp enseña en su libro a conocer el temperamento de los menores. Una prueba sencilla para esto es la que él denomina “el examen del mall”: llevarlo a un centro comercial en un horario sin mucho público y soltar al niño de la mano, darle la espalda y vigilar de reojo lo que sucede. Si se queda quieto mirando, es un niño resiliente; si llora y corre a aferrarse a sus piernas, es cauteloso, y si sale corriendo en cualquier dirección, es impulsivo y enérgico. Cada uno de ellos tiene su perfil y se beneficia de distintas actividades que propone el médico.

Resilientes: Despiertan alegres. Activos, aunque no hiperkinéticos, disfrutan con situaciones nuevas y personas que recién conocen. Se benefician de lecturas al dormir o de una simple conversación. Es bueno pedirles ayuda en tareas simples y hacerlos elegir, pero sin muchas opciones, porque los desorienta.

Cautelosos: Tímidos ante los desconocidos y sólo dicen chao con la mano cuando ya la persona se fue. Ultrasensibles, no les gusta la leche fría o la ropa que raspa. Se frustran con facilidad, son muy observadores. Se benefician de técnicas que le enseña a ser pacientes y es útil crearles rutinas.

Enérgicos: Acelerados, impredecibles, con altos y bajos muy marcados en su ánimo. Impacientes e impulsivos, se distraen con facilidad y sufren accidentes con frecuencia. Se benefician mucho de los juegos al aire libre, las mascotas y de que les pongan límites consistentes, pero flexibles.

DULCE SUEÑO


Samuel (dos meses) está tendido en su cuna y no para de llorar. Su papá, Marcelo (33), enciende levemente la luz, lo toma en los brazos y envuelve con una frazada, sin dejar que sus brazos asomen de la manta. Samuel sigue llorando. Pero el padre lo arrima de costado hacia su cuerpo y apoya su cabecita en su mano. Lo mece con energía. Con la mano que tiene libre conecta el ipod y pone a todo volumen un disco que no reproduce más que el ruido de aspiradoras, lavavajillas y secadores de pelo. Samuel ya está relajado, incluso le da por sonreír. Luego, el chupete de goma y se queda profundamente dormido hasta las próximas tres horas, mientras siguen sonando los electrodomésticos.

Marcelo vive en Nueva York y acaba de seguir al pie de la letra las “cinco S”, una guía para hacer dormir a un niño durante los primeros tres meses de vida, que escribió el pediatra de la UCLA, Harvey Karp, en su libro The happiest baby on the block, que -junto a The happiest toddlers on the block, se ha convertido en best seller.

Nacen un año antes de inmaduros

Las estrategias de Karp no hacen más que recuperar técnicas ancestrales para criar a un recién nacido. Para el médico, la respuesta es muy sencilla: los bebés nacen demasiado inmaduros en comparación con otros mamíferos, como las jirafas que aterrizan en el mundo de un porrazo y luego salen caminando. El hombre para sobrevivir necesita de una mente inteligente, pero si el embarazo fuera de 12 meses, que es lo que realmente debería durar la gestación, no habría madre que pudiera parir. Por eso, señala Karp, una guagua es mucho más parecida a un feto que a un niño, y para incorporarlos a este nuevo mundo hay que hacerlos sentir como si estuvieran en la casa que conocen: el útero.

Los recién nacidos, dice, tienen un reflejo de calma. Exactamente igual al que tenemos los adultos cuando el doctor nos pega en la mitad de la rodilla. Aunque no queramos, vamos a levantar la pantorrilla. Lo mismo sucede con los pequeños y estos son “las cinco S”, que seguidas al pie de la letra en 10 minutos tienen a un niño dormido:

Envolver: A la hora de relajarlos lo mejor es ponerlos en una manta a modo de triángulo invertido y cruzarlo. De esa manera cubrirá sus brazos y piernas. Esto puede que acreciente el llanto al comienzo, pero el pequeño se sentirá tan protegido como cuando estaba dentro del útero. Un niño debería pasar envuelto así de unas 12 a 20 horas diarias.

Acostarlo de lado: Una vez envuelto, debe acostarlo en sus brazos, con el rostro mirando hacia el lado contrario a su cuerpo.

Mecerlo con énfasis: En el útero, el bebé se movía al ritmo de la madre. Tratar de bailar con él en sus brazos es un excelente movimiento.

Electrodomésticos: Es el más innovador de los recursos. Entre ruidos externos e internos, el vientre materno suena a secador de pelo, a lavadora o a aspiradora. Por eso, para calmarlo, el ruido tiene que ser fuerte, de manera que acapare toda su concentración. Si no cuenta con electrodomésticos funcionando, una buena forma es el típico “shhhh” pero muy fuerte, a unos siete centímetros del oído. El CD con estos ruidos cuesta nada menos que $ 10.000 en las tiendas de discos en Estados Unidos. 

Succionar: En el útero sus manos estaban justo a la altura de la boca y podían chuparse el dedo, ahora no pueden manejar ese movimiento, así que requieren del pecho o del chupete para calmarse.

El sueño está formado por una sucesión de pequeños trenes. Cada vagón corresponde a un ciclo de sueño:

– Sueño agitado: es el equivalente al sueño paradoxal del adulto. El recién nacido cambia constantemente de expresión. Es la fase en la que se tienen sueños.
– Sueño tranquilo: el recién nacido no se mueve, su rostro está relajado.
– Sueño lento profundo: el bebé ya no oye nada.
– Sueño lento ligero: el bebé se relaja, aunque todavía oye ruidos en la lejanía.

El bebé no distingue el día de la noche. Sus ciclos de sueño duran entre 50 y 60 minutos. Puede encadenar varios ciclos y después despertarse. A esta edad, es normal que un bebé se despierte para comer o simplemente porque ya no necesita seguir durmiendo. Al cabo de los días, los ciclos se empiezan a alargar. El sueño agitado deja paso a un sueño más tranquilo y profundo durante la noche

por Sebastián Urbina / Marisol Olivares | F La tercera Tendencias.

 

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