Como controlar las rabietas.

Controla sus rabietas

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¿Se enfada, llora, patalea, muerde, pega? ¿Te cuesta controlar sus reacciones? No puedes esperar de tu hijo que se comporte como un santo, pero no olvides nunca que tu puedes ser la responsable de su conducta agresiva.

Ya desde sus primeros años el niño manifiesta una cierta dosis de agresividad. Inicialmente esta actitud debe entenderse como consecuencia de una incomodidad fisiológica, ya que en esta edad el niño no sabe expresar sus necesidades.

Las explosiones mas intensas en los niños pequeños aumentan desde los 7 meses hasta alrededor de los 18, descendiendo después hasta llegar a normalizarse entre los 2 y los 4 años.

A partir del año los niños ya dan claras muestras de conductas agresivas ante los adultos y otros niños. En un principio esta agresión va orientada hacia el objeto quo posee el otro sin intención clara de dañar, solo por el deseo de obtener aquello que no le pertenece.

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La respuesta a sus frustraciones

Todos los signos de agresividad que demuestra el niño vienen dados como respuesta a las frustraciones por las que ha atravesado a lo largo de su todavía corta experiencia.

En el periodo de uno a dos años el niño encuentra muchas limitaciones para satisfacer sus deseos y necesidades, ya que se encuentra en una etapa de dependencia y de búsqueda de su autonomía. La vida le obliga a enfrentarse con las frustraciones, ante las que adopta una reacción distinta según sea el caso. Una de sus posibles respuestas es la agresividad, con la que lo puede solucionar todo a base de tortazos, tirones de pelo, empujones o mordiscos.

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Hemos de tener muy presente que estas reacciones están totalmente implicadas en la evolución natural del niño y que su superación se conseguirá, en gran medida, gracias a la actitud atenta, comprensiva y tolerante que adopten los padres. De la respuesta que encuentre en su entorno pueden depender sus reacciones.

¿Por que es agresivo?

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• En un principio los signos aparecen simplemente para satisfacer sus necesidades fisiológicas: el hambre, el sueno, etc.

• No sabe que le ocurre, solo entiende que no esta bien y reclama ayuda de la único forma que sabe: con el llanto y la rabieta.

• Mas adelante  surgen síntomas a través del aspecto manipulativo: quiere tomar un objeto  atractivo, pero prohibido por los padres. Ante la negativa, se enfurece y demuestra su cólera de manera explosiva.

• También surgen a nivel motriz: se plan tea lograr metas a través de sus desplazamientos, pero los padres, por temor a un accidente, le privan de su exploración creando su reacción agresiva.

• En el aprendizaje de las relaciones sociales encuentra también motivos para reaccionar con agresividad. No olvidemos que se encuentro en una etapa totalmente egocéntrica, en la que el tener que compartir le resulta muy penoso. En este aprendizaje, el niño es blanco de ataques físicos por parte de otros niños, ante los que tendrá que adoptar una postura de comportamiento.

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• El ansia que tiene por conseguir su autonomía también es fuente de frustraciones. Quiere demostrar a su madre de lo que el es capaz (todo lo quiere hacer solo) y ello le lleva a una actitud de oposición y negativa constante, que es lo que en definitiva ira marcándole unas pautas.

7 maneras eficaces de ayudar a tu hijo

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• No le impongas normas de conducta que no se correspondan o su edad y no ante-pongas las reacciones que a ti te gustaría que tuviese a las suyas propias.

• Siempre hace gracia a los padres ver lo valiente y decidido que puede ser el niño cuando quiere obtener algo o cuando otro niño se lo quiere arrebatar. No le rías las gracias cuando lo desea obtener todo en un instante y explícale que todo tiene su momento y que no es correcto obtener lo deseado por la fuerza.

• Actúa de forma coherente con los castigos. Al niño no le servirá de guía que hoy le riñas porque muerde a su hermana y mañana, cuando realice la misma travesura, no le digas nada porque estas ocupada. Dale una imagen clara de cual será siempre tu respuesta.

• No te fijes solo en los aspectos negativos de su conducta (oposición constante, gritos o ataques a los demás), porque seguro que también tiene facetas positivas. Debes hacerle entender que lo que ha hecho esta mal, pero que el sabe actuar de otras formas muy apreciadas por ti.

• Los padres pueden controlar su conducta con una aplicación consecuente de recompensas y castigos.

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• No coartes su campo de acción. Déjale actuar libremente (siempre bajo tu supervisión) si no quieres verle tenso y nervioso.

• No cedas ante sus demandas egoístas y explosivas. Debes demostrarle que, aunque te ponga en una situación embarazosa, tu puedes superarla y mantenerte serena.

EL NIÑO NOS DOMINA, en muchas ocasiones, sus ataques de rabia y agresividad, por lo que queda frecuentemente desbordado por ellos y desea, aunque en apariencia la esta rechazando, la ayuda de sus padres para salir de sus pataletas.

Lo que no debe hacerse

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• Prohibir totalmente sus explosiones. Deja que manifieste sus sentimientos hostiles, marcando siempre unos limites.

• Aplaudir aquellas acciones que tanto le gustan, como dañar a personas o arrebatar objetos a otros

• Ofrecer al niño un ambiente agresivo en casa. Pensemos que el niño tiende siempre a imitar. Si los patrones que le ofrecemos presentan una conducta agresiva, sin duda su respuesta tendera a ser agresiva.

• Provocarle ansiedad. En muchas ocasiones hacemos rabiar al niño por cualquier motivo, simplemente por el hecho de observar de nuevo aquella reacción por parte del pequeño que tanta gracia nos hace. De este modo potenciamos su respuesta negativa, escondiéndole, quitándole o negándole aquello que reclame.

• Imponernos autoritariamente. De este modo solo conseguimos reprimir las respuestas negativas que puede presentar el niño, pero no eliminarlas. Así no le enseñamos a canalizar de forma correcta sus sentimientos; solo los reprimirá, con lo que cuando hagan explosión ni el podrá controlarlos.

• Incidir en lo tipificación sexual. (“No llores que los hombres no lloran”). Se incita el niño a devolver los golpes.

El papel de los padres es fundamental para controlar las diferentes formas de su respuesta agresiva. Estas viene dada por sus experiencias de satisfacción y frustración que tienen que ver mucho con la permisividad en exceso o prohibición de los propios padres.

 

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