Roseola infantil o Exantema súbito.
De la noche a la mañana nuestro pequeño se llena de manchitas. Está claro que estamos frente a una enfermedad eruptiva. Pero, ¿sabemos distinguir cuál es...?
De pronto, su hijo amanece cubierto de manchitas cutáneas. Evidentemente, estás ante una de las típicas enfermedades eruptivas de la infancia. Sarampión, rubéola, varicela, escarlatina... En este caso vamos a tratar de la roséola, una eruptiva de la que se habla poco, casi desconocida, confundida con otras parecidas y, sin embargo, muy frecuente. Podemos incluso afirmar que es la enfermedad. eruptiva mas frecuente que pueden padecer los niños en los tres primeros años de vida y mas específicamente entre los seis y los 24 meses.
También es conocida como exantema posfebril o la sexta enfermedad. Como la mayoría es viral, muy frecuente y también de curso muy benigno.
Como todas las enfermedades eruptivas, se presenta preferentemente en , al final del invierno y, sobre todo, en primavera. Se cree que es causada por un virus, aunque nunca se ha llegado a aislar al supuesto virus responsable. Se contagia fácilmente de un niño a otro, o a través de los familiares del pequeño.
Los síntomas.
El niño se encuentra muy bien de salud y un día, después de que hayan pasado entre siete y diecisiete días después del contagio, empieza a presentar una fiebre muy alta, de 39º o 40º. A pesar de la elevada temperatura, el pequeño no pierde el apetito, sino que come normalmente, continúa con ganas de jugar, y la verdad es que no tiene mal aspecto.
En realidad, no parece que esté padeciendo una enfermedad, aunque en algunos momentos febriles se encuentre más inquieto, intranquilo o somnoliento. Cuando el médico lo examina; encuentra la faringe enrojecida y en los ganglios de la parte posterior de la cabeza puede observar una pequeña inflamación.
Después de tres o cuatro días de fiebre, ésta baja bruscamente y aparece un exantema (manchas cutáneas) repentino. Por eso, a la roséola también se la conoce como exantema súbito o fiebre de los tres días. Estas manchitas son de color rosa pálido, de 1 a 5 mm., localizadas con más intensidad en el cuello y el tronco. Son manchas minúsculas, llamadas a veces la alfombrilla, que desaparecen a los dos o tres días.
Estas manchas se parecen tanto a las de otras eruptivas infantiles, que muchas madres se confunden y creen que su pequeño tiene rubéola, sarampión o alguna de las otras más comunes. Sin embargo, la roséola tiene una característica distintiva que nos ayuda a diferenciarla: las manchas surgen cuando baja la fiebre, mientras que en el resto, de las eruptivas, éstas salen cuando la fiebre está en su apogeo.
El tratamiento.
Está es una enfermedad vírica y, por lo tanto, no tiene tratamiento. De todos modos, es tan benigna que tampoco lo requiere. La única posibilidad es que se complique y dé lugar a convulsiones febriles. Pero no debemos alarmarnos, ya que éstas sólo se dan ocasionalmente y en niños propensos a ellas. De cualquier modo, no debemos bajar la guardia y vigilar al niño atentamente por si aparecen otros síntomas. Si la fiebre dura más de cuatro días, si el pequeño se ve muy afectado, o si los síntomas típicos de la roséola están acompañados de vómitos, diarrea o tos, consulta al pediatra.
Por lo general, bastará con tratar de aliviar a nuestro pequeño enfermito con antitérmicos para bajar la temperatura. Los antibióticos no serán necesarios, pues resultan ineficaces en las infecciones eruptivas. Si es importante mantener al niño alejado de otros niños de menos de tres años (durante una semana desde que brota el salpullido), para evitar que se contagien, ya que no existe ninguna vacuna.
Y como último consejo, darle un baño de agua tibia y muchos mimos. En un abrir y cerrar de ojos estará curado.
La fiebre de los tres días
Este afección llamado roséola, ha recibido también el apodo de fiebre de los tres días, pues la fiebre sube de pronto y se mantiene exactamente durante tres días. Afortunadamente, tal como se ha comentado es una enfermedad benigna que no afecta seriamente el estado del niño y que le permite seguir jugando con normalidad. Sólo harán falta antitérmicos durante esos días febriles, ya que no es eficaz ningún medicamento, ni siquiera antibióticos.Ya hemos dicho, las pintas desaparecen a los dos días y respetan la cara.
Debido a la fiebre alta y a la edad en que aparece, el niño predispuesto a la convulsión febril puede presentarlo, por lo que debe vigilarlo constantemente.
Dr. Pedro Barreda
Revision oct/2004